La oportunidad del Golpe de Estado

miércoles, 29 de septiembre de 2010 ·

Extraído del suplemento Documentos del diario Tiempo Argentino. Es interesantes las instrucciones que daban para "Operaciones de seguridad". En especial el tratamiento de los informantes que debían ser personas "inteligentes" y con una "razón" para serlo, como tener una creencia, odios, rencores, política, ideología, dinero, venganza, envidia, vanidad, etc. Todo esto debía tener en su perfil un buchón de la dictadura. Alguien que tenía la libertad total de marcar a supuestos subversivos, como lo fue el "periodista" de Baradero Cesar Scollo.

LA OPORTUNIDAD DEL GOLPE DE ESTADO

En los primeros meses de 1975 el gobierno de María Estela Martínez de Perón, se mostraba débil y cediendo a las presiones de los poderes fácticos. Fruto de ello, en ese convulso y violento año 1975, el 2 de junio asumió el Ministerio de Economía el ingeniero Celestino Rodrigo, con el explícito apoyo de José López Rega. Con él, en junio de 1975 los argentinos fueron víctimas de un cambio económico dramático. El mega-ajuste devaluatorio que se conoció popularmente como Rodrigazo, “corrigió” sustancialmente  los precios de la economía  en el contexto de cambios mucho más amplios en la estructura económica y social: el Plan Rodrigo impuso un brutal ajuste que duplicó los precios y provocó una crisis profunda en el gobierno. El economista ultraliberal Ricardo Zinn, que basaría la razón de su existencia en el lema: “Achicar el Estado es agrandar la Nación”,  fue el cerebro del plan durante las semanas previas de gestación, y sería su secretario de Coordinación  con la asunción de Celestino Rodrigo. Tras el golpe de Estado será uno de los principales colaboradores del ministro de Economía de la dictadura.
 Como telón de fondo, las movilizaciones populares abarcaban las principales ciudades del país; en Plaza de Mayo, la multitud exigía que se homologaran los convenios salariales y el alejamiento de Rodrigo y López Rega. La  primera huelga que la CGT y las 62 Organizaciones le hacían al gobierno, demostró su contundencia: el 15 de julio, López Rega viajó a España para no volver, y Rodrigo renunció horas después.
La reacción en contra del Plan Rodrigo de sectores del propio gobierno y de la gran mayoría de los dirigentes del partido gobernante, que se propusieron re encausar política y económicamente la marcha del Estado, generó la convicción en los sectores del gran capital que había llegado “la hora de la espada”. Lo más importante fue la enseñanza que les dejó el rechazo popular a aquel shock de junio de 1975, que les demostró que el desmantelamiento del Estado, la reducción feroz de los salarios, el endeudamiento externo del país,  la reducción de los sectores de la industria nacional y el complejo de medidas proyectadas, iba a requerir grados de violencia estatal inéditos para alcanzar sus objetivos. El Consejo Empresario Argentino encabezado por su presidente José Alfredo Martínez de Hoz había elogiado abiertamente el “Rodrigazo”. Tiempo después diría  al semanario Gente –el 20 de julio de 1977– que si bien en esos días  pensó que las medidas del ministro Rodrigo “podían ser teóricamente acertadas desde lo económico, carecían del contexto político adecuado”. Es decir carecían del terror como método de imposición.
Para el orden constitucional, ello fue el comienzo del fin. Los sectores concentrados del poder económico, conspiraban abiertamente con los jefes militares. Vanos fueron todos los esfuerzos para impedirlo y salvar el orden constitucional. Sólo faltaba poner fecha al golpe de Estado.  Pero antes había algunos pasos que dar:
En primer lugar, crear en la opinión pública el convencimiento  de la inevitabilidad del asalto a las instituciones de la República. El paro agrario nacional y el papel abiertamente destituyente de la gran prensa, cumplieron ese papel.
 Mientras el Consejo Empresario Argentino, de la mano de  José Alfredo Martínez de Hoz, daba los últimos retoques al plan económico a aplicar, paralelamente las Fuerzas Armadas diseñaban el modelo represivo que lo hiciera viable.
   El 17 de octubre, se distribuían entre los más altos mandos militares las 24 copias de la ultrasecreta “Directiva del Comandante General del Ejército N° 404/75”. Era, la que sería seis meses después, “la orden de batalla”  de la militarización del Estado mediante el asalto a sus instituciones, el 24 de marzo de 1976 
El Ejército reservaba para sí “la responsabilidad primaria en la lucha contra la subversión”. Y su sistema nervioso sería el Batallón 601. Se trataba del órgano ejecutivo de la Jefatura II de Inteligencia, la cual respondía directamente al Estado Mayor.
   También se especificaban los plazos del exterminio; el cronograma fijó una meta de sólo 12 meses para lograr “la pulverización del accionar subversivo” y otros tantos para “aniquilar sus elementos residuales”.
 Estos abarcaban un amplio arco de partidos, agrupaciones, sindicatos, medios de comunicación y hasta empresas, que a juicio de “los salvadores de la Patria” estaban sutilmente relacionados entre sí por los hilos invisibles de la “subversión”.  
   A partir de esta Directiva Secreta Nº 404/75  del Comandante General del Ejército, Jorge  Rafael Videla y de normas reglamentarias emanadas  del Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Roberto Viola en 1976, las Fuerzas Armadas institucionalizan y asumen plenamente como tal, el terrorismo de Estado. La extensa Directiva y su implementación reglamentaria disponían por ejemplo:
 
OPERACIONES CONTRA ELEMENTOS SUBVERSIVOS (R-C-9-1)…
 
4003 i) Aplicar el poder de combate con la máxima violencia para aniquilar a los delincuentes subversivos donde se encuentren. La acción militar es siempre violenta y sangrienta (…) El delincuente subversivo que empuñe armas debe ser aniquilado, dado que cuando las FFAA entran en operaciones no deben interrumpir el combate ni aceptar rendición.
5007 h) Las órdenes: como las acciones estarán a cargo de las menores fracciones, las órdenes deben aclarar, por ejemplo, si se detiene a todos o a algunos, si en caso de resistencia pasiva se los aniquila o se los detiene, si se destruyen bienes o se procura preservarlos, etc.
5013 Emboscadas: esas oportunidades no deben ser desaprovechadas, y las operaciones serán ejecutadas por personal militar, encuadrado o no, en forma abierta o encubierta.

 
INSTRUCCIONES PARA OPERACIONES DE SEGURIDAD (RE-10-51)
 
3002.8 Elementos a llevar: capuchones o vendas para el transporte de detenidos a fin de que los cabecillas detenidos no puedan ser reconocidos y no se sepa donde son conducidos.
3004 Los tiradores especiales podrán ser empleados para batir cabecillas de turbas o muchedumbres.
3021 La evacuación de los detenidos se producirá con la mayor rapidez, previa separación por grupos: jefes, hombres, mujeres, y niños, inmediatamente después de la captura.
4004 Informantes: deberán ser inteligentes y de gran carácter y deberán tener una razón para serlo (creencia, odios, rencores, política, ideología, dinero, venganza, envidia, vanidad etc.). (…)

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