Va quedando cada vez más claro...

lunes, 14 de diciembre de 2009 ·

Para los jóvenes que tienen menos de 27 años, o sea que nacieron después de la vuelta de la democracia en la Argentina.

Hubo toda una etapa negra de la historia de nuestra Patria, que se inició con la caída de Perón y la vuelta del gorilaje más rancio, en nombre de valores tales como “libertad”, “democracia”, “república”, etc.

Fueron sucediéndose varias experiencias militares o civiles, ninguna de ellas democráticas, pues en todos esos procesos eleccionarios quedaba proscripta la mayor fuerza política argentina, el peronismo.

Y cuando no tuvieron más remedio que no proscribir, ganó las elecciones Cámpora y volvió Perón al país.

Ahí esa bendita oligarquía se llamó a cuarteles, trabajó muy bien las incoherencias ideológicas del peronismo, que siempre como movimiento fue una bolsa de gatos, y apostó a que la senectud del viejo Líder, unido al grupito familiar de la peor calaña que lo rodeaba, lograra lo que ellos no habían conseguido en esos 20 años de tentativas: acabar con ese fenómeno social y político de masas.

Y lo consiguieron, en parte. Primero, porque los jóvenes que habíamos adherido al Movimiento viendo los mensajes filmados en Madrid por el Viejo, que nos hablaba de la Patria Socialista, nos sentimos defraudados y nos fuimos de la Plaza en aquel 1º de mayo puteando al Perón lopezreguista que nos llamaba de imberbes, pero cuya vuelta sólo había sido posible porque esa juventud maravillosa había levantado sus banderas en años de luchas y proscripciones. En los primeros años de la caída de Perón fueron los obreros el eje principal de la Resistencia. Pero al promediar los años 60, fue la juventud que tomó la posta, y con sus movilizaciones provocaba curiosa admiración en la gente de la calle, que nos veía como una prueba que había peronismo para rato.

Perón se murió, obedeciendo a la lógica de la vida, y dejó el gran kilombo, con una mujer que sólo servía para criada, con un brujo maldito que sabía muy bien adónde quería llegar, y con una dirigencia que siempre fue obsecuente y alcahueta, superficial y banal como todo obsecuente. Los pocos viejos decentes que tenía el Movimiento estaban casi proscriptos y buscados por la Policía en todo el territorio nacional, por su único pecado de entenderse con los jóvenes y mantener la llama de un peronismo revolucionario.

Vino el Proceso, como corolario lógico de una decomposición natural. Y ahí sí, los milicos resolvieron que tenían que exterminar aquel cáncer juvenil que terminaba rebrotando a cada corte que se le hiciera. No era cuestión de andarse con vueltas, y recurrieron a cuanto de más abyecto hay en la faz de la tierra.

En el 83, la sabiduría popular le dio el triunfo a Alfonsín, porque la dirigencia peronista era “impresentable”. Nadie lo sabía, pero todos intuían que crápulas como Herminio Iglesias iban a negociar con los militares a Dios y María Santísima.

Alfonsín comenzó  bien en sus dos primeros años, pero luego de aquel “la casa está en orden”, acabó concediendo lo que no podía, y terminó como todos sabemos.

Y ahí  surge el fenómeno “peronista”, de cara lavada. De tan lavada, que perdió la esencia “nacional” que siempre caracterizó al Movimiento. Así como el radicalismo tuvo en su momento a Alvear para desfigurarlo y contradecirlo en su esencia, el peronismo tuvo a Menem con esa función. Y hasta consiguió reelegirse con el “voto licuadora”.

El menemismo dejó una bomba de tiempo, que el idiota que lo sucedió ni se dio cuenta que la tenía en sus manos. Y terminó explotando en el 2001, con una clase media que dijo “basta” porque le habían tocado el bolsillo.

La función de Duhalde era desarmarla, en parte lo logró. Pero tuvo que negociar, y dejar en manos de K la candidatura presidencial. Se puso un pijama de disfraz, en espera de mejores tiempos.

Y ahí  surge un “fenómeno” que sale del libreto. Porque además de salir del caos económico de patacones y cía, además de restablecer la autoridad presidencial en un régimen presidencialista como el argentino, comenzaron a revisar ciertos temas pendientes, que todos anteriormente habían colocado debajo de la alfombra. Con aquel falso “olvido y perdón” que no es otra cosa que impunidad para la injusticia.

Pero el verdadero drama comenzó cuando, no sé si intencionadamente o sin querer por esos avatares de la política, surgió el problema de las retenciones, y el Gobierno hizo una apuesta a no ceder ante la presión de uno de los grupos de poder, y a formular un objetivo distribucionista, comenzando a tocar el problema fundamental. Que sin llegar a los planteos infantiles y teóricos de un Pino Solanas, intentó llegar hasta donde creía que sería posible.

Y ahí  vimos surgir todo ese espectáculo de gorilaje, inflado por la midia, y al cual se encampó una oposición que brilla por su falta de propuestas. Lo único que tienen es odio visceral a…Uds. ya saben a qué.

Quien acuse al Gobierno de ser el causante de todo ese despertar apocalíptico del gorilaje argentino, no sabe lo que está aconteciendo en toda América. Ante el avance indiscutible de una izquierda que, desde diferentes ángulos o posturas, pero siempre en la misma dirección, busca integración regional como forma de superar el subdesarrollo al que nos tuvieron siempre sometidos los amos del Norte, la derecha viene organizándose en todos los países, conforme el proceso de cada uno. Hoy los chilenos tienen en Piñera lo que los porteños tuvieron en Macri hace unos años. La figura empresarial exitosa, el presidente de un club de fútbol popular, el hombre que sabe administrar la caja del Estado para que sea eficiente. Personalmente, espero que los chilenos no compren pescado podrido como compraron los porteños, donde más de uno que votó por el prolijito Macri comienza a abrir los ojos y darse cuenta del monstruo que eligió. Porque a esos “exitosos empresarios” les faltó y les falta “conciencia ciudadana” para entender que el Estado no es una empresa particular, y no se puede manejar con padrones empresariales.

No nos engañemos: los hermanos yorugas consiguieron vencer toda una campaña sucia contra el pasado guerrillero del Pepe Mugica, y le confiaron la conducción de ese proceso de transformación que viene efectuando el Frente Amplio.

Los bolivianos consagraron a Evo por una mayoría aplastante, cuando un año atrás los santacruceños amenazaban separarse y dividir en dos a Bolivia.

No sé  cómo terminará el segundo turno chileno, pero las elecciones de ayer dejan sin duda alguna 56% de la izquierda, y 44% del pinochetista Piñera.

Y Argentina? Hoy está bajo la amenaza estridente de los golpistas y desestabilizadores, pero también con un destape de la derecha más reaccionaria (machismo y Mesa de enlace) y con una vuelta tragicómica de Duhalde que tal vez ayude a que mucha gente abra los ojos y se de cuenta lo que está jugándose por debajo del paño.

El único reaseguro de que ese proceso no se revierta y pueda continuar está en las manos de nuestra militancia.



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