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La ilegalidad institucional

sábado, 13 de noviembre de 2010 · 3 comentarios

Es hora de que la derecha en la Argentina se haga cargo de una realidad incuestionable. Ya que sigue llenándose la boca con las palabras democracia, república, instituciones, tiene que asumir una aberración de la cual es responsable y que ha acarreado enormes males para el país. Entre el 16 de septiembre de 1955 y el 12 de octubre de 1973 la República Argentina vivió en estado de ilegalidad institucional. Esta ceguera, esta obstinación, este odio, parecieran a veces no poder explicarse. Uno, que lo ha vivido, acaso se haya acostumbrado al clima de esos tiempos y a esas modalidades. “¿Por qué no puede venir al país Perón?”, era algo que no se preguntaba. Todos sabían la respuesta: “Porque los militares no lo dejan”. Nadie preguntaba por qué. No hace mucho, sin embargo, vi por televisión al joven ensayista Lucas Lanusse explicar la caída de Frondizi. Y cuando dio el motivo determinante les dijo a los teleespectadores: “Ustedes hoy no lo van a creer. Pero todo fue porque el 18 de marzo de 1962 el peronismo había ganado las elecciones provinciales y eso no podía ser tolerado por el Ejército. Se anularon las elecciones y el día 29 Frondizi es arrestado y enviado a Martín García”. Lucas Lanusse tiene razón. Alguien, cualquier joven, aunque sea argentino, al que hoy se le dice algo así no lo puede creer. ¿Qué pasaba? Intentemos explicarle la situación a un extranjero. “Vea, en la Argentina había un partido totalmente mayoritario. Pero su líder no podía volver al país. Ni su nombre podía ser pronunciado. Los militares les cedían el gobierno a algunos civiles que lo aceptaban, transformándose en cómplices. No bien estos civiles otorgaban nuevas elecciones ganaba el partido proscripto. Entonces los militares echaban a patadas a esos civiles y empezaba de nuevo la farsa.” Seamos insistentemente claros: obstinadas por excluir al peronismo de la vida institucional, las clases altas mantuvieron al país en situación de ilegalidad durante 18 años. A ver si entienden esto los señores que se adueñan de palabras que han pisoteado. Había otros caminos. En principio, el general Lonardi ya había dicho su célebre “Ni vencedores ni vencidos” no bien triunfó el movimiento sedicioso que  encabezaba. Muchos sabían que el camino más racional era el de no proscribir al peronismo. Pero no. La trampa consistió en identificarlo con el nacionalsocialismo y –de este modo– así como los nazis estaban prohibidos en todos los lugares del mundo debía estar prohibido el peronismo en la Argentina. Esta ceguera pudo haber durado dos años, tres. Se eternizó. La Revolución Libertadora se denominó a sí misma (además de “Libertadora”) “gobierno provisional”. Su nombre completo era: “Gobierno Provisional de la Revolución Libertadora”. No, de ninguna manera. Seamos, otra vez, contundentemente claros: la “Revolución Libertadora” no sólo no fue un “gobierno provisional” sino que gobernó el país durante 18 años. ¿Está claro? Tuvimos 18 años de “Revolución Libertadora”. Todo se hizo según la ideología de la Revolución Libertadora. Si Aramburu fue quien desplazó a Lonardi para implantar el feroz antiperonismo que se adueñó largamente del país, su determinación de desperonizarlo se mantuvo inalterable. Ya sea para desperonizarlo como para evitar que se peronice. El Decreto 4161 nunca se derogó. Siempre estuvo vigente. La Argentina vivió 18 años bajo el imperio de ese decreto. Se pudo nombrar a Perón, de acuerdo. Pero el peronismo no podía ingresar al ámbito institucional. Si lo esencial del Decreto 4161 era expulsar al peronismo de la polis ese decreto duró 18 años. Además, el repugnante escamoteo del cadáver de Eva Perón se mantuvo inalterable. Todo esto lo determinaba el odio y el miedo. Evita en el país los hacía temblar. Las masas acudirían a cualquier lugar en que la enterraran y sería imposible contenerlas. Las masas –a esta altura de la Guerra Fría, de la Doctrina de la Seguridad Nacional– no sólo eran el peligro del “peronismo” sino el del camino al comunismo, ya que las masas para las clases altas y los militares son sinónimo de marxismo, de disolución, de peligro. ¿Hay alguna autocrítica por esto? ¿Alguien ha pensado la violencia extrema que esto implicaba? Si José Claudio Escribano quiere creer que con la muerte de Aramburu “se abrió formalmente un largo período de violencia en la Argentina” puede creerlo. Pero está equivocado o miente o elabora el esquema ideológico que le permitirá defender los intereses que defiende. La muerte de Aramburu no inaugura el período de violencia en la Argentina. Lo inaugura, suponiendo que la violencia se inaugura en algún momento en lugar de haber estado siempre presente, el bombardeo de 1955. Pero sobre todo: es la violencia institucional la que arroja a la juventud a la violencia. También a los obreros, a los sindicalistas, a los hombres del Cordobazo, del Rosariazo, del Mendozazo. ¿Cómo es posible pretender amordazar a un país por 18 años y que algo no estalle? ¿Cómo pudieron ser tan torpes, tan brutos, cómo pudieron odiar tanto, temer tanto, perseguir tanto? El Sistema de Exclusión del Peronismo (SEP) buscó mantenerse a cualquier precio. Se burló de todos y de todo. Tuvo miles de responsables. Todos son cómplices. Los que hicieron la Junta Coordinadora. Los que hicieron la Reforma Constitucional. Los “partidos del comisario” como la Unión Cívica Radical del Pueblo de Balbín. Alfredo Palacios y su porte de patriarca socialista. Todos los protagonistas del SEP son cómplices de la tragedia a que se llegó. Ellos crearon la violencia. Que yo sepa (y alguna vez hay que reconocerle algo a Sabato) fue Ernesto Sabato el único que denunció las torturas de la Libertadora. Todos los demás fueron cómplices del error demencial de la oligarquía terrateniente, del Ejército, de los grupos financieros que se fueron consolidando con la entrada del Fondo Monetario Internacional y la Iglesia. Básicamente los sectores que el tosco, torpe, pero sincero Roulet (dirigente agrario) señaló como los baluartes que en la Escuela le dijeron habían hecho el país. “Mi maestra me dijo que el país lo hicieron la Iglesia, el Ejército y el campo.” ¡Claro que sí! Eso se dice en la Escuela. Esa es la educación argentina. Eso se nos ha enseñado autoritariamente a todos. Una doctrina que atribuye la creación del “maravilloso” país en que vivimos a sus sectores dominantes. Esa educación –que tan abierta e ingenuamente enuncia el señor Roulet– es el resultado de un hecho de poder. Es la educación de los ganadores de las guerras civiles del siglo XIX. Todos creen que es “nuestra” educación. No lo es. Es la educación que diseñaron las clases altas para educarnos a todos según sus valores. Si La razón de mi vida es un hecho educacional deleznable, no lo es más que la educación impuesta por la oligarquía. ¿Por qué he tenido que leer Juvenilia, el libro de un tipo miserable como Miguel Cané que era un racista y que redactó la Ley de Residencia (para terror de los inmigrantes) a la que llamó “deliciosa ley de expulsión”? ¿Dónde estaría hoy Miguel Cané? Estaría en alguna de esas radios repulsivas que hablan del peligro de los inmigrantes, a los que llaman bolitas, brasucas, chilotes, yoruguas. Cané no es mejor que el señor Hadad y su equipo de xenófobos. Era, desde luego, un xenófobo. ¿Por qué tuvimos que leer ese libro? Porque narraba la educación de los jóvenes de las clases altas en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Hasta los chicos de las provincias más empobrecidas tuvieron que enterarse de cómo se habían educado los señoritos de Buenos Aires, los que formarían la Generación del ’80, “la que hizo el país”.

Comunicado Nº 4

martes, 1 de junio de 2010 · 1 comentarios





M O N T O N E R O S
MONTONEROS - COMUNICADO Nº 4
1º de Junio de 1970
AL PUEBLO DE LA NACIÓN:
La conducción de MONTONEROS comunica que hoy a las 7.00 horas fue ejecutado Pedro Eugenio Arumburu.

Que Dios Nuestro Señor se apiade de su alma.

PERÓN O MUERTE - VIVA LA PATRIA

Comunicado Nº 3

domingo, 30 de mayo de 2010 · 0 comentarios


 

A 40 años del Aramburazo, la primera operación de la organización político militar, Montoneros, recordamos el comunicado nº 3.



MONTONEROS - COMUNICADO Nº 3

31 de Mayo de 1970

Al PUEBLO DE LA NACIÓN:

En el día de la fecha, domingo 31 de mayo de 1970, la conducción de nuestra organización, constituida en Tribunal Revolucionario, luego de interrogar detenidamente a Pedro Eugenio Aramburu, declara:

I- Por cuanto Pedro Eugenio Aramburu se ha reconocido responsable:

1º) De los decretos 10.362 y 10.363 de fecha 9 de junio de 1956 por los que se "legaliza" la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni causa justificada.

2º) Del decreto 10.364 por el que son condenados a muerte 8 militares, por expresa resolución del Poder Ejecutivo Nacional, burlando la autoridad del Consejo da Guerra reunido en Campo de Mayo y presidido por el General Lorio, que había fallado la inocencia de los acusados.

3º) De haber encabezado la represión del movimiento político mayoritario representativo del pueblo argentino, proscribiendo sus organizaciones, interviniendo sus sindicatos encarcelando a sus dirigentes y fomentando la represión en los lugares de trabajo.

4º) De la profanación del lugar donde reposaban los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos, para quitarle al Pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada.

II- Por cuanto el Tribunal lo ha encontrado culpable de los siguientes cargos, que no han sido reconocidos por el acusado:

1º) La pública difamación del nombre de los legítimos dirigentes populares en general y especialmente de nuestro líder Juan Domingo Perón y nuestros compañeros Eva Perón y Juan José Valle.

2º) Haber anulado las legitimas conquistas sociales Instauradas por la Revolución Justicialista.

3º) Haber Iniciado la entrega del patrimonio nacional a los intereses foráneos.

4º) Ser actualmente una carta del régimen que pretende reponerlo en el poder para tratar de burlar una vez más al pueblo con una falsa democracia y legalizar la entrega de nuestra patria.
5º) Haber sido vehículo de la revancha de la oligarquía contra lo que significaba el cambio del orden social hacia un sentido de estricta justicia cristiana.

El Tribunal Revolucionario, Resuelve:

1º) Condenar a Pedro Eugenio Aramburu a ser pasado por las armas en lugar y fecha a determinar.

2º) Hacer conocer oportunamente la documentación que fundamenta la resolución dc este Tribunal.

3º) Dar cristiana sepultura a los restos del acusado, que sólo serán restituidos a sus familiares cuando al Pueblo Argentino le sean devueltos los restos de su querida compañera Evita.

¡PERÓN O MUERTE! ¡ VIVA LA PATRIA!

La búsqueda de alguien que haga la tarea

sábado, 10 de abril de 2010 · 0 comentarios

En el video de post anterior vemos como Grondona, se lamenta de que teniendo la oposición -supuestamente- al gobierno entre las cuerdas, no le aplique el último golpe de  knock out. El golpe definitivo. Y cuando esta lacra habla de golpe de puño, no hace otra cosa que hablar de golpe destituyente. No es sorprendente esta actitud de golpista del mismo, ya que su pasado cuenta con acciones mucho más activas que las de ahora, que no pasan ser apenas, opiniones en un programa que ya no ve nadie. 
Antes escribía en acérrimo apoyo a los militares, en diversos diarios y revistas, textos como el siguiente salieron de la tinta envenenada de este hijo de puta: "Por creer que el derecho a la seguridad es un derecho humano que el Estado debe proteger, los argentinos recibimos hoy la visita de la CIDH. Esto es lo malo. Que están aquí precisamente porque somos derechos y humanos”. Esto lo escribió en septiembre del 79, cuando el país recibía la visita de la Comisión Internamericana de Derechos Humanos.
También antes de apoyar a la dictadura, hizo lo mismo con López Rega, a quien defendió en otro escrito como la persona que debía hacer la tarea. O sea aquella persona que hacía lo que muchos querían, pero que en realidad no se animaban a llevar a cabo. López Rega era aquella persona. Era para él, la persona que recoje la ingratitud de aquellos a quienes defiende. Esta defensa la hizo através de una "nota" que tituló: "meditación del elegido".
En la cita que sigue José Pablo Feinmann, lo describe mejor.

Los que hacen la tarea

No todas las tareas son iguales, no todas entregan a quienes las hacen la misma retribución, el mismo cálido, honorífico reconocimiento. Todo hombre desea ser reconocido. Incluso Hegel dijo que en eso consistía la historia humana: en el deseo de ser reconocido por el Otro. Pero, en la polis, hay reconocimientos que se retacean porque otorgarlos revelaría aspectos sombríos, incómodos. Hay tareas sucias. No todos están dispuestos a hacerlas porque no todos se atreven al verdadero sacrificio por la patria, acaso al más grande: al oscuro, al secreto, al que nadie ponderará. Hacia fines de 1974 la Argentina era un campo de batalla en el que la vida se tomaba ligeramente, con liviana crueldad, porque nada valía. Creo, seriamente lo creo, que debo decir por qué estoy metiendo al lector en una historicidad amarga, de recuerdo doloroso. Ando, desde hace tiempo, preparando materiales para un libro sobre la historia del peronismo. Se trataría, en lo posible, de reflexionar acerca de los materiales que van surgiendo. A esta reflexión sobre los hechos (y a otros elementos que se le suman) se le podría dar el nombre de Filosofía política. Pero esto es lo de menos. La cuestión –lo que aquí interesa– viene por otro lado. Hay un acopio de materiales y ese acopio exige meterse entre papeles, documentos y hasta hablar con algunas personas, preguntarles qué hacían durante el año, digamos, 1953 o 1956 o 1974. Detengámonos aquí, en este año, en 1974. Aquí es cuando la Argentina era un campo de batalla: el 1o de julio muere Perón. El 4 de julio la presidenta (la heredera de Perón, la vice que él se puso y que ahora gobierna, Isabel Martínez) confirma a López Rega como su secretario privado. Mala noticia para muchos: nadie ignoraba que López Rega manejaba la organización terrorista Triple A, que era un ejército de mercenarios que mataban sin cesar, y deseaban por tal motivo la caída del secretario de la presidenta. No: ella lo confirma. También mataba la guerrilla. Mataba tan irracionalmente como para matar a Arturo Mor Roig, que había sido ministro del Interior de Lanusse. El 31 de julio la Triple A mata a Rodolfo Ortega Peña, un hombre brillante, un notable historiador, un estilista. El ERP secuestra al mayor Larrabure. En septiembre el siniestro brigadier Lacabanne asume como interventor en Córdoba. Es un hombre comprometido con la Triple A, uno de los suyos, un asesino. Atilio López, un tipo bueno, un auténtico negrazo peronista, con bigotes, panza, cordobés, derrocado malamente por algo que se llamó el “Navarrazo”, recibe entre ochenta y cien balazos de la Triple A. Ni la cara le dejan. Sucede el 16 de septiembre, aniversario de la Revolución Libertadora. Al día siguiente asume un nazi en la Universidad de Buenos Aires, Alberto Ottalagano, más cercanamente recordado porque hizo el saludo hitleriano en medio de la campaña de Luder, en el ’83. Los Montoneros secuestran a los hermanos Born. Matan al médico policial Alejandro Bartosch. La Triple A mata a Julio Troxler, uno de los dos o tres que se habían salvado de la “operación masacre” de José León Suárez, en el ’56. Matan a Silvio Frondizi. En octubre, el ERP 22 de Agosto mata a Jordán Bruno Genta, un nacionalsocialista nativo que enseñaba a los militares las doctrinas del Führer alemán. Los Montoneros matan a Villar, policía formado por la OAS y la Escuela de las Américas, colocado por Perón en el más alto escalón de la Policía Federal. Montoneros roba y luego devuelve el cadáver de Aramburu. El ERP, en Tucumán, mata al capitán Viola y a su hija de tres años, otra queda malherida. En diciembre, el ERP 22 de Agosto mata a Carlos Sacheri, un profesor de filosofía, hombre de la derecha argentina que dictaba clases a los militares. Estos eran los tiempos. Durante ellos, en una revista de nombre Carta política, a fines de 1974, un periodista, que también daba cursos a los militares, con un estilo cuidadoso, con una prosa de una precisión, de una minuciosidad admirables, publica un texto (él es el director de la publicación) que titula: Meditación del elegido.
No se trata de un “artículo periodístico”. De eso que se llama una “nota”. Ni siquiera es un “editorial”. Es mucho más: es una meditación. Palabra venerable que remite a la filosofía y, muy especialmente, a la religiosidad. Tiene un aire medieval, tomista, que impone respeto, cierta distancia, la distancia de lo sereno, de la cautela, no el apresuramiento de lo periodístico, sino la hondura del silencio recoleto, austero. El efecto escalofriante del texto se produce por la austeridad del estilo y los hechos criminales a los que alude. Pocas veces el asesinato fue reclamado con tanto ascetismo, bajo la forma serena pero poderosa de una plegaria laica. (menudo párrafo de Feinmann)
El autor del texto es Mariano Grondona, largamente conocido en este país. Tomaremos sólo algunos párrafos de su homilía. El “elegido” es José López Rega, el ministro de Bienestar Social, creador, junto con el comisario Alberto Villar y bajo la mirada insoslayable de Juan Perón (no podía “no saber” lo que se hacía bajo sus propios ojos, participara o no de los hechos), de la Triple A. La organización había actuado sin desbocarse en vida de Perón, aunque realizara acciones terribles y hasta espectaculares. Perón, además, hizo tomar los datos de la periodista Ana Guzzeti, quien se atrevió a preguntarle si actuaban fuerzas parapoliciales en el país. A partir de la muerte del viejo líder la Triple A se entregó a una matanza incontenible. Muchos, gente del establishment, militares, sindicalistas, habitantes aterrorizados de todo el país, pidieron o desearon la caída de López Rega, sabiéndolo el líder de los asesinos. Alguien, no obstante, surgió para decir cautamente: “La caída, que muchos desean, entrañaría peligros”. Fue Mariano Grondona en su revista Carta política. Un liberal, un hombre de la democracia, un hombre del riñón oligárquico, un ideólogo de las Fuerzas Armadas, sale a defender a un fascista muñecoide, a un patético Adolf Hitler de opereta, un monje umbandista, un tipo que sólo parecía ser útil para masajear la próstata del General, a quien llamaba “Faraón”. Describe como “serie de desenvolvimientos” los actos que López ha promovido. Dice que los mismos “se aprueban en voz baja y se critican en voz alta”. Le encuentra, a López, una “estirpe”: “De la estirpe de los Ottalagano y los Lacabanne, José López Rega es uno de esos luchadores que recogen, por lo general, la ingratitud del sistema al que protegen”. Dura tarea la de López: tiene que ordenar muertes, torturas, desapariciones y nada puede esperar. El bronce será para otros. “Hay hombres (se lee en la Meditación) cuyo destino es hacer la tarea. Otros tienen la vocación de coronarla.” Observemos la justeza de la prosa. Dos frases breves. Cada una dice lo suyo. Una habla de un “destino” y de una “tarea”. El “elegido” es el que –precisamente– ha sido “elegido” para la “tarea”. Debemos respetar su soledad, su sacrificio austero: no busca la gloria, esa coronación que la segunda frase menciona. No quiere ser coronado, sólo quiere cumplir. Cumplir con el destino para el que ha sido elegido. Muchos quieren librarse de él. No entienden las sinuosidades de la Historia. Hay grandes hombres que coronan grandes sucesos. Hay pequeños hombres que les preparan el camino haciendo el trabajo sucio, sólo les queda la poética de las zanjas, el amontonamiento de cadáveres clandestinos. “López Rega” (sigue meditando el meditador) “cumple al lado de la presidenta el papel de meter la mano en tareas antipáticas (...) Sería por lo menos arriesgado prescindir, hoy, de este servicio”. Pocas veces –insistamos en esto– la muerte fue requerida con tan buena prosa. Durante esos días las listas de la Triple A eran groseras, toscas. La revista El Caudillo, que dirigía un matón de nombre Felipe Romeo, decía, antes de que Ortega Peña fuera asesinado, que los “buenos peronistas” ya tenían una bala para él. O también: “El que le teme a la Triple A por algo será”, frase que haría historia en la Argentina del Proceso, que coronó los esfuerzos de López, sobredimensionados hasta lo monstruoso. Lejos de toda esta chatarra deslenguada y patotera, gangsteril, la Meditación de Grondona fue el apoyo más elegante que López Rega pudo haber recibido. Difícil saber si el “elegido” la valoró adecuadamente. Era muy tosco el hombre, un matarife sin grandeza, sólo un clown sanguinario. Sin embargo, fue el exacto hombre que en ese momento la Historia requirió para “hacer la tarea”, fue “el elegido”. No dejó de advertirlo Grondona. Quien, como vemos, también supo siempre y también sabe ahora “hacer la tarea”.

El último aparecido

martes, 23 de febrero de 2010 · 1 comentarios

Leemos, copiamos y hacemos circular la información, publicada en el blog de Fernando Bonatto, Poesía y Ramos Generales.



Buenos Aires, 23 de febrero de 2010

Encontramos otro nieto, el hijo del Secretario de Abuelas de Plaza de Mayo

Las Abuelas de Plaza de Mayo queremos comunicar que hemos encontrado a otro nieto que durante más de 32 años vivió privado de su identidad. Francisco Madariaga Quintela es hijo de Silvia Mónica Quintela y Abel Pedro Madariaga, ambos militantes de la organización Montoneros. Silvia fue secuestrada el 17 de enero de 1977 en Florida, provincia de Buenos Aires, embarazada de cuatro meses. Su compañero Abel sobrevivió y partió al exilio. En 1983, de vuelta en la Argentina, emprendió personalmente la búsqueda de su hijo y se incorporó a la Asociación.

Los padres

Silvia nació el 27 de noviembre de 1948 en la localidad de Punta Chica, partido de San Fernando. Estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y, al momento de su secuestro, estaba terminando su residencia como cirujana en el Hospital Municipal de Tigre. Fue detenida en Florida, zona norte del Gran Buenos Aires, en la intersección de la calle Hipólito Yrigoyen y las vías del Ferrocarril Mitre. Militaba en Montoneros. Sus compañeros la conocían como "María".
Según testimonios de sobrevivientes, Silvia permaneció en el Centro Clandestino de Detención "El Campito", en Campo de Mayo, y en julio de 1977 se le practicó una cesárea en el Hospital Militar de dicha guarnición. Silvia, de 28 años, dio a luz a un varón al que -tal como deseaban con su compañero- llamó Francisco.
El caso de Silvia Quintela se suma a los de Norma Tato de Casariego y Beatriz Recchia de García, desaparecidas-embarazadas del CCD "El Campito", que también dieron a luz en el Hospital Militar y cuyos hijos fueron apropiados por represores. Felizmente, los tres casos fueron resueltos por las Abuelas y la Justicia determinó restituir la identidad de los jóvenes.
Abel nació el 7 de febrero de 1951 en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos. Cursó la carrera de agronomía en la UBA hasta que fue expulsado por la intervención en esa casa de estudios y, al igual que Silvia, militaba en la columna norte de Montoneros. A poco del secuestro de su compañera, se exilió en Suecia y más tarde en México, hasta que regresó al país en 1983. Desde entonces, se integró a Abuelas y con los años se convirtió en el coordinador de los equipos técnicos y en la actualidad como secretario de la institución.

La búsqueda familiar

Durante la última dictadura, la búsqueda de Francisco la llevaron adelante sus abuelas, Sara Elena de Madariaga y Ernestina "Tina" Dallasta de Quintela. Las abuelas, junto a sus compañeras, escribieron y se acercaron a cuanto ministerio público pudieron, pero como en todos los casos les cerraron las puertas. En 1983, de vuelta del exilio, Abel emprendió personalmente la búsqueda, allí se incorporó activamente a Abuelas y fue el encargado de desarrollar gran parte de las estrategias de difusión de Abuelas para convocar a los jóvenes que, como su hijo, tuvieran dudas sobre su identidad.
La Búsqueda de Francisco
Francisco se acercó a Abuelas el 3 de febrero último, bajo el nombre de Alejandro Ramiro Gallo manifestando creer ser hijo de desaparecidos. Desde hacía mucho tiempo tenía dudas sobre su identidad por lo que decidió preguntar a la mujer que decía ser "su madre" si tenía información sobre su origen. Fue allí que la señora Inés Susana Colombo le confesó que lo habían traído de Campo de Mayo y que había posibilidades de que fuera hijo de desaparecidos.
Con esta información Francisco decidió acercarse a las Abuelas para comenzar su búsqueda. El joven se presentó acompañado por Colombo quien manifestó que su ex esposo, llamado Víctor Alejandro Gallo, era oficial de Inteligencia del Ejército Argentino y que en el año 1977 le dijo que había un niño abandonado en el Hospital Militar de Campo de Mayo, a lo que ella respondió que "cómo iban a dejar a un niño abandonado, que lo trajeran" (sic).
Colombo relató que finalmente Gallo llevó al bebé a su casa el 10 de julio de 1977 y agregó que el niño todavía tenía el cordón umbilical, lo que le indicaba que había nacido hacía muy pocos días.
Tanto Francisco como Colombo indicaron que Víctor Gallo dispensaba un trato violento para ambos, relatando minuciosamente diversas agresiones físicas y psicológicas. Gallo, quien se desempeñaba como oficial del Ejército durante la última dictadura cuenta también en su haber sido miembro del batallón 601. Ya en democracia participó en el robo de una empresa financiera, en la década del 80, y de un hecho criminal en el que se asesinó a una familia conocido como la "Masacre de Benavidez", hechos por los cuales estuvo detenido. El prontuario de este apropiador suma también su participación en los "levantamientos carapintadas ocurridos" en los 80; entre otras cosas. En la actualidad, hasta su detención el pasado viernes, se desempeña como empresario de seguridad privada, "dueño" de la empresa Lince Seguridad".
En la entrevista Colombo señaló que a pesar de estar divorciada y no guardar vínculo con Gallo, antes de concurrir a Abuelas de Plaza de Mayo, ésta lo llamó al militar para manifestarle que "Ramiro" estaba dudando de su identidad. Casualmente, luego de ello Francisco sufrió dos incidentes que vinculó con las circunstancias de que Gallo se enterara de la búsqueda que iniciaba.
El relato de Francisco y Colombo daba para sospechar que se trataba de un hijo de desaparecidos, por lo que de inmediato se solicitó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) que le otorgara un turno para realizarse el examen de ADN. Al día siguiente, 4 de febrero, Francisco acudió al Banco Nacional de Datos Genéticos para dejar las muestras que le devolvieran su verdadera identidad.

El encuentro

El miércoles 17 de febrero, la jueza Sandra Arroyo, Juzgado Federal N° 1 de San Isidro, llamó a la Asociación para que se le comunicara al secretario de la institución que habíamos encontrado a su hijo. Abel no se encontraba en Capital, así que lo fuimos a buscar para contarle; ese mismo día compañeros y seres queridos lo esperaban en Abuelas para abrazarlo y acompañarlo en este momento que esperó por más de 30 años. Mientras tanto, Francisco se encontraba con integrantes de Abuelas, quienes desde que se acercó a Abuelas estuvieron en contacto para contenerlo y acompañarlo. En ese momento, ellos le comunicaron el resultado y Francisco quiso conocer a su padre en Abuelas. Desde entonces padre e hijo no dejan de estar juntos, contándose los años robados de vida y emocionando a todos los que participamos de esta lucha. "No pudieron", dijo Francisco cuando abrazó a su papá por primera vez. Esa es la enseñanza que nos trae cada restitución y nos llena de energía y esperanzas para encontrar a todos los que faltan.




Vos perro bulldog

jueves, 27 de agosto de 2009 · 2 comentarios

Vos que escribis tilinguerías para tilingos, vos que decís que el Peronismo es incultura.
Andrés Rivera, esto es cultura, esto es peronismo.
Te presento a Capusotto en una entrevista con Veintitrés.
Ah y de paso te digo, que a tu Farmer, que no es nuestro Rosas, te lo podés recontrameter en el medio del culo.

El bar El Progreso, con sus mesas de madera antigua y con sus parroquianos que forman la postal arquetípica de la porteñidad, es el escenario del encuentro. Al que Capusotto asiste abrigado con un pulovercito similar al que usó la noche de los Martín Fierro.

–¿Vivís hace mucho en Barracas?

–Hace trece años ya. Mis hijas son de Barracas. Yo soy más de zona oeste. Viví en Luro desde los seis años, antes vivía en Castelar, del que tengo un recuerdo muy vago: las calles de tierra, mi casa. En Luro viví de chico, de adolescente y de adulto.

–¿El barrio marca tus elecciones estéticas o ideológicas?

–No. Hay gente de mi generación con una conexión fuerte con el barrio. Para mí, no es una elección a la hora de actuar. En el barrio hay gente garca, que hace negocios, que quiere salvarse y cuya vida gira en torno a la acumulación material. Circulan cosas interesantes y cosas de mierda. Existe una especie de religión que se basa en moverse como pez en el agua en lugares de mierda mientras los demás se ahogan. El barrio es un lugar donde te conectás con gente que tiene su vida y su mundo y, si no te construís a vos mismo, cagaste. Porque el barrio también es un pelotudo que te aconseja cómo cagar a los demás. No es un lugar habitado por seres nobles y duendes que te dicen que vivas como quieras y andes con la ligereza poética de un ave y te conviertas cada tanto en un puma porque estás rodeado de hijos de puta. Te lo pueden decir dos o tres, los que finalmente elegís como amigos.

–Sos un fenómeno que excede lo televisivo, ¿cómo convivís con esa figura?

–Dejo que se apropien de esto que ven. Nunca me consideré un fenómeno: sólo hago las  cosas que me salen. Pedro Saborido me manda unas cosas que escribió a las tres de la mañana, las leo, me cago de risa y, finalmente, las ponemos en acción. Eso del fenómeno es una frase que me viene, no es algo que yo exhale. Mucha gente comparte lo que hacemos y son aliados de una idea que no pasa sólo por reírse.

–La masividad e influencia de tu propuesta, ¿implican una responsabilidad?

–La responsabilidad es ser fiel a lo que estoy accionando, nada más que eso. Podés hacer reír a alguien y, siempre que te hacen reír, sos feliz. Esa es una responsabilidad. La otra es que tenemos un modelo de conducta que puede ser observado con cierto respeto. Estar en un medio masivo te puede colocar en una carrera de superación. Sin embargo, este momento es nuestra superación. No quiero llegar a ningún lugar en la  televisión, es más, quiero mantener este lugar de autogestión, donde no hay disputa de poderes y donde no se necesita que las ideas sean transformadas para tener más rating. No cambio este lugar y menos con 48 años.

–¿Te ofrecieron ir a otro canal?

–Desde ya. Para la óptica de la televisión, este es un programa vendible, que puede estar en un canal y un horario de mayor difusión. Pero no me interesa, no es nuestra ambición. Este año queremos hacer ocho programas, nuestra cantidad ideal. Estar en un lugar donde nos lo permiten es un privilegio.

–Tus programas excedieron el marco de la televisión. Peter Capusotto explota en YouTube, lo mismo el programa de radio.

–Sí. No sólo eso, Internet te permite llegar a otros países. El otro día me hicieron una nota de un medio de Chile, porque miran el programa por Internet. Su alcance tiene muchos caminos. Nunca tuvimos una preocupación por el rating, porque sabemos que el ciclo tiene mucha circulación y aceptación. No tenemos nada más que hacer, salvo seguir celebrando los encuentros para que este programa siga funcionando.

–Tu humor sorprende por su precisión en los tiempos políticos. Pasó con Bombita y con “Hasta cuándo”. Se podría aventurar que Capusotto y Barcelona son los medios que mejor expresan la realidad política.


–El humor siempre tiene una conexión con los signos de la realidad. Muchos tienen que ver con los comunicadores que hacen la puesta en escena de un mundo real. Metrallean mucho, pero no profundizan los fenómenos. Mirá, lo reafirmé hoy cuando miraba el canal de videos Quiero música en mi idioma. El videograph pasaba noticias policiales, un asesinato en Barracas. Si eso no es reflejo de una ficción construida para que todo el tiempo tengamos la idea de la muerte y la inseguridad en nuestra piel, bueno, a las pruebas me remito.

–¿Cómo actúa el humor frente a eso?

–La tomamos y la destrozamos mediante la parodia. La burla es infranqueable: las cosas de las que te burlás no te pueden contaminar porque hay una lectura previa a destrozarlas, un sustento ideológico. Es como decir: “A mí no me contaminás, no me la vendés”. Otras cosas rozan otros mundos, totalmente desopilantes, que no tienen conexión con los signos de la realidad. En algunos personajes, la realidad se hace más presente, como en ese monstruo, Micky Vainilla, disfrazado de cantante pop y que es, en realidad, un virus que se mete en ciertos lugares para empezar desde allí su plan de exterminio.

–Decís que la parodia puede destruir una concepción ideológica. Bombita es irónico, pero no intenta destrozar a los setentistas.

–Es una mirada sobre algo que tuvo su densidad, su construcción política. Un Palito Ortega montonero está compuesto por dos imágenes antagónicas que nos causaban gracia. Nunca pensamos en la derrota del discurso setentista, vulgarizado en las letras de Palito. Todo lo contrario. Rescatamos esa construcción que terminó en una gran derrota general, el imaginario que representó el retorno de Perón y en lo que devino. Había una gran masa crítica, gente muy valorable y gente de mierda. Y ganaron los malos. Por eso algunos que fueron militantes ven en Bombita una reivindicación personal, porque es un tipo que militó, aunque nosotros no lo hicimos.

–Ese momento político también te marcó.

–Nos rozó porque tuvimos hermanos mayores que militaban. Esa época nos atravesó, aunque en el ’73 yo tenía doce años y Pedro era más chico. Era el momento en que se pensaba que la película podía terminar bien. Perón excedía la simbología del líder político, representaba el regreso de algo vinculado a los sectores populares, a la idea de poder tener una identidad. Se venía de una dictadura, del Mayo Francés, había algo que estaba pugnando por tener presencia.

–¿Siempre te sentiste peronista?

–Sí, el peronismo es casi una expresión emotiva. Te hacés peronista por lo que está enfrente, que tiene una raíz antiperonista. No son nihilistas: a un nihilista yo lo respeto. Pero a lo que está enfrente, nunca lo he respetado. Eso te va empujando. Porque el peronismo es el peronismo y es la idea del peronismo. Es algo que tal vez no fue posible, pero quesobrevoló como posibilidad. En el otro lado, nada, la restauración conservadora, esa cosa espantosa.

–El gobierno rescató símbolos de los ‘70.

–Sí. Y, en un punto y salvando las distancias, se vuelve a repetir la historia. El movimiento peronista excede el kirchnerismo. Uno se pone en sectores antagónicos a la oposición. No hace falta ser muy perspicaz para saber quiénes realizan la construcción contraria al Gobierno para tomar el poder. Son los que permiten que el vicepresidente de la Nación trabaje para la oposición. Y eso que está todo bien con que Cobos sea vicepresidente y tenga posiciones, algo que desde ya nadie de la oposición podría soportar. También es cierto que en toda construcción hay errores, pero en este caso puntual hay ciertos errores que se podrían haber evitado. En lo comunicacional, por ejemplo. Pero, por otro lado, los errores del Gobierno no llevan a que se construya una oposición. Estuvo agazapada desde el primer día esperando el momento de atacar. La sensación, y lo digo con cierto pesimismo y dolor, es que serán los nuevos enemigos de la sociedad. No sólo han tenido injerencia, sino que han sido parte del poder en la Argentina.

–Hay
humoristas que difunden las imágenes que plantea la oposición: una Cristina exasperante, preocupada sólo por la ropa, un gobierno casi dictatorial. Se ve en el humor gráfico de Nik en La Nación o en Perfil.

–Que cada uno haga lo que quiera. Nik está en La Nación, qué va a escribir Nik. Estas construcciones generan eco entre la gente y, por otro lado, caen en lo pueril, como cuando dicen que terminaremos como Cuba o Venezuela. Marcan a ese tipo que balbucea cuando habla sobre la inseguridad y le decís: “Imaginate, en Estados Unidos voltearon dos torres y no sé si fueron ellos mismos y mataron a tres mil personas, ¿de qué seguridad me hablás?”. O: “¿Qué seguridad, si mi generación se crió con la dictadura, con Malvinas, con la hiperinflación, con el menemato, con la Alianza, los 35 muertos en la calle y el corralito?”. Nunca hubo seguridad jurídica en nuestro país. Construyen con el lenguaje la sensación de que nunca estuvimos peor que hoy. Es la exasperación de lo más berreta. Es Biolcati hablando de un piquete de blancos con Grondona.

–En la Rural apeló a la Patria 50 veces.

–Un discurso que podría haber sido realizado dos meses antes del ’76. No porque vaya a suceder, sino porque hay una sociedad que empezó a creer que ese discurso es posible. En 2005 a la gente le chupaba un huevo escuchar que Kirchner era soberbio con el periodismo. Entonces se sacralizan signos: el campo es lo bueno y el Gobierno es lo malo. Y para mí los malos son los que más putean contra el Gobierno.

–¿Y Pino Solanas?

–Pino no sé. Lo vi también bastante exacerbado contra el Gobierno y me pareció un poco funcional a ese discurso. El sector donde están Pino o Sabbatella es crítico del kirchnerismo, pero no está montado en la gran jineteada nacional. A Pino lo vi en charlas amenas con Grondona que me provocaron un poco de rechazo. Es un momento emocional. Soy más afín a lugares que están vinculados al oficialismo que a los que no.

–¿Qué pensás de la izquierda?

–Y... si te hacés trosko para sacarte la foto con Biolcati, no te hagás trosko. Vilma Ripoll puso la excusa de que no podían dejarle la calle a la derecha, pero eso devino en la foto con ese tipo. Y no sólo ella, también estuvieron los maoístas, que siempre fueron traidores, desde que apoyaron a López Rega en el gobierno de Isabelita.

–Hubo una izquierda que no apoyó al campo.

–Sí. Son los que acumulan desde la universidad y después no quieren disputar el poder real. Si no querés el poder, hacete nihilista.

–¿Qué pensás acerca de la ruptura del acuerdo entre TyC y la AFA?

–Está muy bien que el fútbol pueda ser visto por todos. Después la oposición plantea otras discusiones: “Ah, ponen plata para el fútbol y no para el hambre”. Y lógico. La plata tiene que ser para la gente que lo necesita. Pero los que declaman eso nunca hicieron políticas abarcativas, no jodamos. Ya la presencia en el fútbol está limitada si sos visitante o si no sos socio. Es accesible sólo si podés pagar. Eso que era compartido desde el más humilde hasta el dueño de una fábrica hoy está reservado al dueño de la fábrica. Si no pagás para mirar fútbol, mejor. Pero claro, detrás están los intereses de ese submundo. Como idea proyectiva me parece maravillosa aunque no sé en qué terminará. En definitiva, que mirar fútbol sea gratis, no está mal en absoluto.

–La medida desató una dura ofensiva contra el Gobierno por parte del Grupo Clarín.

–Desde ya. Esto comenzó hace dos años y no va a parar. Hacen parecer que la confrontación viene de un solo lado y que, del otro, está Biolcati con su vaquita mansa, Biolcati hablando de San Martín y Belgrano. ¡Lo hubiesen sacado a patadas en el culo a San Martín de la Rural!

–Se está presentando la Ley de Medios en el Congreso, ¿qué opinás?

–Es necesaria. Tal vez hubiera sido mejor que se presentara en un momento de menos confrontación. Los sectores de poder plantean un discurso único siempre. Por eso Clarín, que forma parte de ese poder y es un monopolio, se siente atacado. El presidente de TyC dijo que la mejor democracia es que haya que pagar para ver fútbol, eso es capitalismo puro.

–¿Creés que hay un fusilamiento mediático, como denunció Cristina?

–Hay decisiones que perjudican a ciertos intereses. En una confrontación, las partes siempre apuntan a señalarse como víctimas y la población queda rehén en la disputa sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si la Presidenta dice eso es porque está en un conflicto de poder que la roza. Es claro que hay una política de desgaste, verbalizada por la oposición, para que el poder pase de bando. En ese marco, me preocupa mucho más lo que dice Biolcati.

–¿Hay un cambio en el Gobierno desde la derrota electoral?

–Recuperó la iniciativa. Pero lo principal es que la oposición no asume la construcción de un poder proyectivo. Sólo dice que todo está mal. El Gobierno muestra más solidez y potencia mediante acciones concretas como la Ley de Medios o el fútbol. La oposición retrocede pero, ojo, se agazapa para atacar después. La política es conflicto, no es consenso. ¿La democracia el reino del consenso y el debate? ¡Vamos! Se trata de una lucha para ver cuánto cedemos y cuándo volveremos a atacar.

–¿Qué pensás sobre la despenalización del consumo de marihuana?

–Las decisiones que toma un adulto, entre ellas fumar marihuana, son absolutamente personales. Fumar no tiene ninguna vinculación con el delito ni con su demonización. Los sectores que se oponen tienen una visión de la vida macabra, una moralidad sobrecargada y casi estafadora. Plantean que se usan drogas para delinquir, pero ¿qué hacen los custodios de la moral para evitar el delito? Condenan pero no arreglan las dificultades.

–Ciertos adolescentes toman al personaje de Micky Vainilla sin la distancia de la ironía y siguen sus dichos al pie de la letra.

–Ah, sí. Pero para eso están los padres que verán el programa con los chicos y les explicarán que Micky es una ironía, algo monstruoso y no reivindicativo del racismo. No me puedo hacer cargo de lo que puedan pensar respecto de un personaje. También Charles Manson mató a doscientas personas porque decía que Lennon le ordenaba matar. Lo que tiene el humor es que, a veces, deja al desnudo la propia miseria y es algo que no nos gusta ver.

–¿Qué ves con tus hijas en la tele?

–Ellas ven cosas ligadas a su mundo infantil. La mayor, que tiene 10 años, empieza a estar más conectada conmigo y a interesarse más en mi propio mundo. Debe estar en una etapa de enamoramiento del papá. La de seis años es totalmente dorada, construye sus castillos de princesa en los rincones de la casa. Tiene un mundo interior muy fuerte, pero todavía no llegó a la etapa en la que escucha muchas voces para formar su voz propia, la que elija y que yo acompañaré hasta el final. Ahora escuchamos música juntos, por ejemplo.

–¿Cómo vive tu familia tu exposición?

–Las nenas lo empiezan a sentir, pero estoy en casa bastante, tengo una presencia interesante en esta etapa. Mi vieja vive, mis dos hermanos murieron, tengo una familia no muy numerosa. Mi vieja está muy contenta, y más con el reconocimiento actual. A los 16 años, yo quería jugar al fútbol y mi viejo me respaldaba, pero también tenía que estudiar porque la posibilidad de jugar dos años y que te lleven a Europa era impensable. Más grande, empecé a estudiar teatro y a frecuentar los lugares que elegí.

–Sos jurado en el Festival de Cine de Diversidad Sexual.

–Lo hago para hacerle la gamba a mi amigo Fabio Zurita, que lo organiza. Tengo interés, claro, en los encuentros sexuales que, en algunos casos, pueden ser muy celebratorios, y en otros, una forma más de la mentira. El sexo está entre las diez cosas más felices de la vida. De todos modos, quiero desmitificar que los hombres la chupan mejor que las mujeres. O al menos, yo prefiero que me la chupe Cameron Díaz a Elton John. La técnica masculina en el sexo oral no es algo que me preocupe. Lo he probado y es pura mitología. Y desde ya no se puede comparar a Cameron Díaz con Elton John y ni siquiera con George Michael.



Trelew III

lunes, 24 de agosto de 2009 · 0 comentarios

Libres o Muertos, Jamás Esclavos

La Masacre


-Yo comparto la evaluación que se hizo en aquel momento -dijo María Antonia Berger, sobreviviente de la masacre de Trelew.
-¿En qué consistía esa evaluación? -preguntó el periodista.
-No avisar a los compañeros que estaban sobrevolando el aeropuerto que habíamos llegado. No podíamos garantizar que pudiesen despegar nuevamente si ellos bajaban, las Fuerzas Armadas estaban cerca.
-¿Las Fuerzas Armadas?
-A esta altura de los acontecimientos ya estaba la Marina al mando del capitán Sosa rodeándonos. Nosotros éramos diecinueve combatientes con pistolas y algunos FAL. Ellos estaban totalmente pertrechados. Decidimos entregarnos y pedir garantías, por eso exigimos un juez -dijo María Antonia.
-¿Hubo un juez? -preguntó el periodista incrédulo.
-Sí, lo habíamos conocido en el penal. Él y la prensa eran nuestro reaseguro. El juez aceptó nuestras condiciones, fuimos haciendo una fila y entregamos las armas pacíficamente gritando "Viva Perón".
Mariano Pujadas miraba desconfiado al capitán Sosa; había un rictus que le preocupaba, su casco militar estaba echado atrás y con mirada fría controlaba la fila que lentamente se desprendía de su armamento. Él quería desde el comienzo llevarlos a la Base Almirante Zar, sin embargo el juez se lo impedía.
-Entonces apareció la "trampa legal" -dijo Mariano cuando se enteró.
-¿Qué trampa?
-Se decretó el estado de emergencia, quedando así todas las fuerzas de seguridad bajo el mando militar, en este caso el Quinto Cuerpo. Sosa ya nos tenía atrapados y encerrados en el ómnibus; todo fue perfectamente calculado, el juez estaba subordinado.
Por una radio cercana al ómnibus se escuchó la noticia esperada: "Hacemos una interrupción del programa para informar que un cable de Chile anunció el aterrizaje del avión secuestrado por los guerrilleros argentinos en Puerto Montt..."
-Estallamos de alegría -dijo María Antonia.
-Y lo festejamos a nuestra manera, por supuesto, con la marcha peronista -agregó Haidar-. Pensamos luego que habíamos logrado objetivos importantes: ocupar el penal de máxima seguridad de Rawson; copar el aeropuerto más de cuatro horas y lograr que el primer escalón de compañeros estuviera en Chile.
-Sosa estaba fuera de sí -dijo María Antonia.
Los conscriptos que los custodiaban enseguida entablaron conversación. La diferencia de edad no era mucha entre ellos, no más de tres años en algunos casos. Eran todos jóvenes y tenían los mismos códigos. Intercambiaron cigarrillos y hasta algunas bromas.
Sosa se fue acercando lentamente sin que los conscriptos le prestaran atención. La voz de mando no se hizo esperar.
- ¡Soldado! -gritó-, ¡con estos delincuentes ni una sola palabra, carajo!
-Sí, mi capitán -contestó el soldado rápidamente, con los ojos desorbitados y tirando el cigarrillo con disimulo.
-¡Nos vamos! -dijo Sosa, dando media vuelta para subir a su jeep.
-Muchachos -dijo el chofer entre dientes-, los lleva a la Base Almirante Zar.
Un frío los invadió y se instaló el silencio. Sosa sonreía.
El ómnibus salió lentamente, la Base quedaba exactamente a seis kilómetros de ese lugar.
Esa instalación de la Marina no era muy distinta a otras guarniciones militares. El jeep abrió paso a la columna de vehículos, ómnibus y camiones de techo verde oliva. Los Máuser alemanes eran las armas de guerra clásicas.
-Mi capitán, las celdas están listas -dijo un soldado cuadrándose en un saludo enérgico, taconeando su propia subordinación.
Sosa lo miró con desprecio.
-Vamos -ordenó haciendo una mueca.
Ya estaba pensando en la guardia que debería instrumentar.
-Estos pendejos de mierda -pensaba- si los dejo tomar contacto me los hacen guerrilleros, tengo que preparar una guardia profesional.
Las celdas no se diferenciaban de otras celdas. Hasta el olor a encierro y la humedad típica de los lugares sin ventilación presagiaban un destino incierto.
Les fueron entregando unas frazadas después de hacerlos desnudar y realizar ejercicios físicos ante la mirada de los colimbas.
-Ya van a ver lo que es meterse con la marina -repetía una y otra vez Sosa mientras daba órdenes a los gritos.
Esa noche los conscriptos les contaron algunos detalles de lo que habían escuchado cerca del casino de oficiales.
-Creo que los van a liquidar, muchachos -dijo uno asustado.
-Este Sosa es el más hijo de puta de la Base -afirmó otro.
-Le gatilla la 45 en la cabeza a cualquiera, nunca sabemos si al cargador le quedó una bala.
-El click es suficiente.
-Nadie pregunta.
-Todos le temen.
A la noche siguiente entró la guardia profesional. Cuatro suboficiales de rostro poco expresivo los obligaron a cambiar la rutina nocturna. El silencio se instauró inmediatamente luego de la orden: "Nadie habla, carajo".
-No falta mucho para que les dé una lección -dijo Sosa mientras se retiraba por la puerta delantera.
Los interrogatorios al comienzo fueron sin violencia, quienes los hacían demostraban dudas y hasta impericia, sin embargo, no demoraron en llegar las "fuerzas especiales" dedicadas a extraer información en base a la tortura.
-Vio capitán, sin tortura no habrá declaración alguna -afirmó el suboficial apoyado en el marco de la puerta. Su mano derecha siempre tenía dos monedas en permanente rotación.
Bravo gozaba con las acciones de presión psicológica. Las amenazas, los fusilamientos frustrados y las provocaciones eran su conducta constante. En varias oportunidades dejaba su pistola cerca de los muchachos para que estos la tomen y tener la justificación que buscaba en forma permanente. Claro, no tenía balas en su cargador.
El 22 de agosto comenzó en plena madrugada.
-Nos despertaron a las tres y media de la mañana a gritos y golpes. El juez Quiroga había estado la mañana anterior verificando nuestro estado -dijo María Antonia.
Las ráfagas no tardaron en aparecer. El tableteo de las ametralladoras fue infernal. Cada uno trató de comprender lo que pasaba, ya que no había una visión clara del lugar de inicio. Todos atinaron a tirarse cuerpo a tierra.
El suéter blanco de Mariano Pujadas se llenó de puntos rojos; Polti cayó herido quejándose; Clarisa La Place, Mario Delfino y Alfredo Kohon fueron fusilados. Las paredes salpicaron el revoque. Hubo quejidos y lamentos mezclados con los gritos histéricos de los guardias que usaban su metralla.
Alberto Camps, en medio del tiroteo, humo de pólvora, gritos y paredes perforadas, alcanzó a visualizar en el marco de la puerta a Bravo, con dos pistolas a la altura de su cintura.  Con una sonrisa y un rictus de desprecio comenzó a disparar. Alberto no tenía como eludir las balas. La bala que perforó su abdomen le provocó a los pocos segundos arcadas y vómitos de sangre. Se tiró instintivamente hacia la derecha y cayó lleno de sangre. Lo dieron por muerto.
Bravo ya estaba cebado y buscó otra celda, la de Haidar. Desde el marco de la puerta repitió la operación. La última bala perforó el tórax que comenzó a sangrar y a dificultar la respiración de Haidar.
En la celda del frente se escuchó un grito desgarrador: "¡Hijo de puta!". Fue el último estertor de otro masacrado al que no pudo identificar.
Un estruendo de bala fue la única respuesta.
Había comenzado el operativo "remate".
María Antonia Berger tenía la mandíbula destruida, brotaba sangre que la ahogaba y sus manos retenían el abdomen perforado. Cayó casi pegada a la pared y con sus dedos ensangrentados trató de escribir los nombres de los asesinos: Bravo y Sosa. Sin embargo, alguien los borraba.
Ya dada por muerta, sola en su celda, escribió: LOMJE.
Esto tenía un solo significado, "libres o muertos, jamás esclavos".
Entre gritos y remates, Sosa gritaba a sus compañeros de armas.
-Recuerden cabrones, Pujadas trató de tomar la ametralladora de la puerta y se amotinaron para una fuga masiva, al que cambie la versión lo hago boleta.
Los balazos de las metrallas, el griterío infernal y el humo no tardaron en alertar a otros integrantes de la Base Almirante Zar, que acudieron en pijamas con armas en sus manos pensando cualquier cosa menos en una masacre.
-¿Qué carajo pasa? -gritó el primer oficial que apareció.
Sosa quedó inmovilizado. Necesitaba unos minutos más para lerminar su obra macabra. Ya no podía rematar a nadie. Sin embargo, pensó que no quedaba nadie vivo.
El aspecto de las celdas y los pasillos era estremecedor; algunos quejidos demostraban que había sobrevivientes. Los revoques levantados, las paredes con sangre, los cuerpos inmóviles daban un aspecto de horror.
Un enfermero iba dando vuelta cada uno de los diecinueve presuntos cadáveres.
-Muerto -decía-; agoniza, pero no se salva; vivo, traigan una ambulancia; muerto -proseguía en un conteo interminable- este está reventado; ivivo! -gritaba- a esta súbanla a una camilla... está viva con la mandíbula destrozada -dijo refiriéndose a María Antonia.
Cuatro cuerpos fueron llevados a un recinto solitario; no les realizaron maniobras de limpieza, canalización de tráquea o arterias y venas. Quedaron abandonados.
-Al carajo -dijo uno que los había llevado.
-Que se caguen -agregó otro mientras dejaban el recinto.
Quedaron solos. Camps, medio de costado, alcanzó a ver al Turco Haidar lleno de sangre y hecho un ovillo.
"Debe estar muerto", pensó.
-Turco, ¿estás vivo? -preguntó temeroso.
La respuesta tardó, pero llegó acompañada de un pequeño movimiento de su cuerpo maltrecho.
-Sí, estoy vivo, pero no sé por cuánto tiempo.
-¿Cuántos quedamos? -preguntó Alberto.
-Tres -respondió el Turco.
-¿Quién es el otro?
-María Antonia, pero creo que está fregada.
Los invadió el silencio, y los recuerdos de los hechos recientes les arrancaron algunas lágrimas. María Antonia estaba inconsciente.
Los ruidos secos de los remates aún retumbaban en sus cabezas.
La llegada de los médicos fue tardía. Los exámenes fueror superficiales.
"Tienen miedo de nuestra sangre", pensó Haidar.
-Hay que derivarlos a Bahía Blanca -fue lo último que escucharon.
Sosa y Bravo declaraban al lado del recinto. Una puerta entreabierta dejaba llegar sus comentarios.
Bravo se aferraba a la teoría de la fuga.
-Este hijo de puta de Pujadas trató de escapar y matarnos. Tomó la ametralladora de guardia en un descuido nuestro.
-Y comenzó a tirarnos -completó Sosa-. No tuvimos más remedio que responder con fuego cruzado. Además, el resto de los prisioneros había comenzado a copar los pasillos. Nos arrebataron las armas.
-El tiroteo fue terrible -aseguró Bravo.
El oficial sumariante acotó con inocencia:
-Nos llama la atención que en la pared de ingreso a las celdas no hay un solo tiro..., es como si los disparos hubiesen sido realizados para un solo lado.
-¿Cómo para un solo lado? -respondió Bravo enojado.
-Usted debe comprender y anotar, hubo un intento de fuga con los prisioneros armados -dijo Sosa alzando la voz.
-Sí, mi capitán, intento de fuga con prisioneros armados. ¿Cuántas bajas tuvo, capitán? -preguntó el sumariante.
-Ninguna, tuvimos una respuesta inmediata y logramos cubrirnos.
-Lograron cubrirse -repitió el escribiente.
Terminado el primer procedimiento administrativo del sumario interno, Sosa y Bravo leyeron cuidadosamente la declaración. Hicieron algunas observaciones sin importancia.
-Para que quede prolijo -dijo Sosa-. Ha sido un milagro continuar vivos - agregó mirando a Bravo que asentía con seriedad.
-Un verdadero milagro.
-Milagro -repitió el sumariante sin levantar la vista.
Los tres sobrevivientes alcanzaron a escuchar algunas de las frases más importantes y su indignación fue más intensa que el dolor de los balazos.
"Esa va a ser la versión oficial", pensó el Turco.
El almirante Hermes Quijada se acomodó los anteojos antes de leer por radio y televisión el comunicado oficial del gobierno de facto.
"Armados con ametralladoras y pistolas, los diecinueve prisioneros intentaron la toma del



Formación de ¡os 19 compañeros cuando se entregaban ¡as instalaciones del Aeropuerto de Trelew.
 De izquierda a derecha: Susana Lesgart y Ana Virrarreal (embarazada),
 compañeras de Vaca Narvaja y Santucho.


pabellón donde se alojaban con el propósito de emprender una nueva fuga. El combate fue intenso y dramático y resultaron muertos dieciséis subversivos, quedando en grave estado e internados en hospitales militares los ciudadanos María Antonia Berger, Rene Ricardo Haidar y Alberto Camps. Los tres se encuentran en gravísimo estado, temiéndose por sus vidas".
La revista Descamisados recopiló detalladamente cada una de las declaraciones de los profesionales de la provincia de Chubut que fueron luego voceros de la masacre.
Alejandro Lanusse, presidente de jacto en el momento de los asesinatos, se aferró a la versión de Sosa y Bravo tratando de reafirmar el acto salvaje de un nuevo intento de fuga, parangonándolo con la fuga del penal de Rawson y la muerte, en medio del tiroteo cruzado, del guardiacárcel Valenzuela.
-Por suerte, en esta acción las Fuerzas Armadas no tuvieron bajas -afirmó con orgullo.
"Personalmente, ordené al general Betti que de inmediato y con toda la fuerza retomara el penal de Rawson sin importar las consecuencias. Había que quebrar la actitud de los rebeldes", había dicho cuando la fuga de Rawson.
-Esta vez, la Armada, en una acción rápida, controló la fuga de los subversivos, falleciendo en el tiroteo la mayoría de ellos.
En la Base Almirante Zar la suerte estaba echada. La versión oficial se trasladó a la población. Sólo la lectura de Descamisados pudo llevar información y testimonio a los argentinos.
La masacre fue un hecho.
"Las Fuerzas Armadas han perdido el honor", aclaró preocupado Arsenio Poutien en Chile.


Relato rescatado del libro "con igual ánimo"
Fernando Vaca Narvaja



Trelew II

sábado, 22 de agosto de 2009 · 0 comentarios

Rawson

Los guardiacárceles ingresaban con furia, machetes y gomones en mano, para separar a los dos grupos enfrentados en el pabellón de presos políticos de Rawson. Seleccionaban cinco o seis, los esposaban, y casi a patadas los llevaban al chancho: celda de castigo, en la que el tiempo se perdía en su misma sombra. Siete, diez y hasta quince días había que esperar para ver otra vez la luz.
Era el precio que pagaban los presos por bloquear el ingreso de la requisa militar no programada, para que el grupo destinado a guardar los rastros del trabajo en el túnel no fuese descubierto. Los grupos de choque estaban siempre expectantes en las rejas de entrada; los de apoyo, a pocos metros del lugar de trabajo. El túnel representaba una nueva posibilidad para todos.
Cada gramo de tierra extraída era eliminado por las rejillas de los baños, aprovechando el vapor del agua caliente. Cada piedra era repartida entre los ciento veinte compañeros para que en sacos se las llevaran a la hora del paseo solar o en el momento del juego y las tiraran sobre los bordes del patio. Si bien los guardiacárceles no se daban cuenta, ellos veían crecer de piedras las orillas de la cancha de fútbol en el centro del patio.
Los grupos de excavación se complementaban con los de artesanos, que fabricaban pistolas de jabón, que luego pintaban con betún negro; el grupo de los metalúrgicos, que fabricaba, con los calentadores Bram Metal, las cucharas para cavar; el grupo de ingenieros, que fabricaba tirantes hechos de papel y engrudo para sostener el techo y estructura del túnel; el grupo encargado de tapar los sonidos, que se encargaba de entrar almohadas, frazadas y otros  elementos que evitaban que el golpe del palo explorador de la requisa descubriera el sonido hueco de una excavación subterrá­nea.
Los planes de fuga se habían desarrollado desde el ingreso al penal de máxima seguridad. El túnel era uno de ellos, y a largo plazo, por las dificultades técnicas y operativas. La toma del penal desde adentro era otra de las alternativas que se desarrollaba meticulosa­mente. Se registraban los horarios del cambio de guardias, se medían los pasos entre los retenes, se analizaban los pasillos enjau­lados, se estudiaban los dos sectores de guardias. Había uno arriba y otro abajo. Los de arriba pertenecían a un grupo numeroso que con independencia de la guardia interna, vigilaban desde sus leoneras (corredores protegidos arriba de celdas y pasillos) los movimientos de presos y guardiacárceles. Estaban fuertemente armados y sólo obedecían las órdenes de su inmediato superior.
Los más interesados en la fuga eran indudablemente el ERP, FAR y FAP. Montoneros tenía parte de la conducción encarcelada, pero las otras agrupaciones, más del 80%. Los presos de origen gremial estaban en pabellones separados. Agustín Tosco, Raimundo Ongaro, las conducciones del Sitrac-Sitram (sindicato combativo de los mecánicos) de Córdoba completaban un elenco de características poco comunes.
Los grupos de apoyo, impulsados desde el exterior del Penal por Capuano Martínez por Montoneros, Víctor Fernández Palmeiro por ERP, Carlos Goldenberg por FAR entre muchos otros más, comen­zaron a programar vehículos para mover ciento veinte presos, y a estudiar el aeropuerto local para verificar vuelos, el tiempo que demoraban en subir los pasajeros, combustible y distancia para aprovisionarse en caso de salir al exterior. Chile era una posibilidad. A su vez, los grupos comando empezaron a proveer en los acanti­lados de la costa atlántica, equipos de supervivencia con ropa, alimentos envasados, abrigos y armas, perfectamente camuflados. Todo esto por la posibilidad de un fracaso en el operativo.
Capuano Martínez Carlos fue asesinado poco antes de la fuga debilitando un contacto fundamental para Montoneros. Un mes antes habían logrado introducir al penal un uniforme completo de teniente del ejército y una pistola 45, que fueron luego guardados en el túnel. El día convenido se acercaba. Se especulaba con el frío y el viento de agosto en la Patagonia, para evitar el tránsito externo de guardiacárceles o, al menos, reducir sus frecuencias de control.
Roberto Quieto y Mario Roberto Santucho pidieron hablar con el jefe de guardia. Días antes habían realizado igual procedimiento, de manera que esto fue tomado como un acto normal. El jefe de guardia y otros carceleros fueron rápidamente reducidos y les quitaron el uniforme. El operativo estaba en marcha. Fernando llevaba el uniforme de teniente, dos iban como guardiacárceles y cuatro vestidos de civil, con el pelo cortado al mejor estilo militar. El grupo fue tomando posiciones en forma rápida y efectiva. Un segundo grupo consolidaba la toma, y un tercero abría celdas y pabellones arrastrándose por el piso de los pasillos cubiertos por las frazadas gris tierra.
Había que sortear dos peligros. Las leoneras, donde los guardias tenían una completa visión de los pasillos y puestos de retenes, y el vivac (lugar destinado al armamento, pertrechos y camas de descan­so) de la entrada al penal, donde había siempre personal de refuerzo altamente entrenado en motines.
Avanzaron con decisión por el último retén. Sometidos sus controles, quedaba el vivac  sobre el ala derecha. Dos guardias custodiaban la entrada armados con ametralladoras FAL. Se acer­caron con paso firme y al llegar ante los guardias, que se mostraban sorprendidos y confusos, el teniente les envió la voz de mando:
-Entregúeme su arma, soldado -ordenó Fernando a uno de ellos.
El soldado titubeó, pero luego accedió al pedido.
-Así no se entrega un arma -manifestó con seriedad Fernando a la vez que le devolvía la metralleta-. Entregúela como corresponde.
El soldado taconeó y mediante un "sí, mi teniente", entregó su arma con las dos manos firmes y un gesto seguro.
Ambos fueron reducidos inmediatamente y el ingreso al vivac se produjo con la misma firmeza, sólo que esta vez las armas estaban multiplicadas.
Ocupada luego el área administrativa, sólo restaba la toma de la guardia externa de los portones de ingreso, y la entrada de los vehículos, que supuestamente ya estaban listos para evacuar el Penal.
La señal de inicio del operativo "toma del penal", debía ser realizada con un aviso desde las celdas de mujeres, en lo alto del tercer pabellón y con vista directa a la calle principal. Pero el aviso fue tomado en forma errónea y se malinterpretó.
-Creímos que el operativo estaba suspendido -dirían algunos más tarde para explicar sus ausencias.
Sólo un Ford Falcon hizo su ingreso luego de la toma de la guardia del portón. Carlos Goldenberg, que lo conducía, estacionó ignorando que el resto de los vehículos había regresado a sus lugares (le origen. Se decidió, entonces, usar los autos del personal adminis-Irativo del penal que estaban estacionados. El objetivo era lograr la luga de los tres grupos que se habían determinado por unanimidad. Seis personas en el primer vehículo, diecinueve en el segundo y el resto en camiones.
La llegada al Aeropuerto no fue muy agradable, porque el enorme avión de Austral se estaba alejando, dirigiéndose a la cabecera de la pista. En ese avión iban tres guerrilleros: el Gallego Víctor Fernández Palmeiro, Alejandro Ferreyra y una compañera de las FAR, Ana Wiessen, quienes suspendieron la toma del avión al verificar que en el aeropuerto no había señales de la fuga.
Estacionaron y, casi corriendo, entraron tratando de disimular la desesperación. Fernando casi choca con el coronel Pellinger, que ni bien lo vio lo llamó.
-Teniente primero -dijo con voz de mando.
-Sí, mi coronel -retrucó Fernando.
-Tiene las charreteras dadas vuelta -aseguró mirándolo con curiosidad.
-Sí, mi coronel -contestó, luego de verificar que era cierto-. Usted sabe, las mujeres... -y se fue retirando, asegurándole que las arreglaría.
Osatinsky y Santucho ya habían llegado a la puerta de acceso de la torre de control. Estaba cerrada. Un guardia del aeropuerto se acercó y por medio de la radio portátil, con enlace en la torre, trató infructuosamente de comunicarse, hasta que Osatinsky le dijo en voz grave:
-En el avión hay una bomba, deben pararlo.
Esta vez la comunicación se facilitó y la voz de alarma fue transmitida en forma directa al comandante de Austral.
Allí comenzó un trabajo improvisado y a contrarreloj. El avión estaba llegando a la cabecera
de la pista. Osatinsky, Santucho, Fernando y el grupo de apoyo corrían hacia él.
La puerta del avión se abrió. La azafata estaba pálida y asustada. Al colocar la escalera, Fernando subió con rapidez hasta la platafor­ma superior. En ese momento, el Gallego Fernández Palmeiro lo encañonó, ya que no logró reconocerlo con el uniforme. Creyó que venían a buscarlo a él. El Gallego y Ferreyra tenían la misión de tomar el avión, lo que en ese momento realizaron, pero pensando que serían apresados.
-Es el Vasco, Gallego -gritó desde abajo Santucho, tratando de que el arma, ya a menos de un metro de la cabeza de Fernando, no martillara.
Fernández Palmeiro no supo qué hacer hasta que reconoció a Santucho y logró serenarse.
Después de subir todos, tomaron la cabina del piloto y cortaron la comunicación con la torre de control. Sólo debían transmitir las órdenes que ellos indicaran.
El plan de fuga contemplaba un margen de espera de quince a veinte minutos, que era el cálculo previsto para la posible llegada de cazas desde Bahía Blanca. De no partir en ese tiempo el plan corría el riesgo de fracasar.
A los veinte minutos exactos le dieron la orden al comandante.
-Partimos, el destino es Santiago de Chile. Pero vamos a sobrevolar el aeropuerto -siempre pensando en la llegada del segundo escalón, así denominado el grupo que salía después de los seis primeros convenidos.
-Imposible -contestó el comandante con evidente disgusto, en un estado de nervios-. No nos alcanza el combustible... a mitad de camino nos caemos.
-No es cierto -le contestaron-. Puede abastecerse en Puerto Montt y desde ahí salimos a Santiago.
El avión despegó. Bajo secuestro y rumbo a Chile.


Relato rescatado del libro "con igual ánimo"
Fernando Vaca Narvaja

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