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Osvaldo Papaleo atiende al "hijo de Tato"

jueves, 2 de septiembre de 2010 · 2 comentarios

Arquitecto Alejandro Borensztein:

Sé que es duro ganarse el pan ácimo siendo columnista del Clarín de Magnetto.
Además,  ser gracioso, progresista, quedar bien con un patrón acusado de delitos de lesa humanidad, una patrona eludiendo ADN de hijos apropiados  y de paso, catequizar colocándose en una postura ética. Duro lo suyo, pero no menos infame. Esta es la universidad del apriete y rinde Ud, sus exámenes con esmero.
Pero conmigo se equivocó. No le va a salir gratis. Nunca fui alfil de López Rega, ni de nadie. A José López Rega no lo conocí, no lo traté. Jamás crucé con él una palabra. No participé de actos vandálicos que usted describe con esmero y sin empacho. 
Los canales en 1974, fueron intervenidos por disposición del Poder Ejecutivo Nacional porque habían caducado las licencias concedidas en 1960 por la Revolución Libertadora, sin licitación a sus amigos de entonces. Bastante tiempo para un regalo mediático. Nadie le puso la pistola en la cabeza  a los licenciatarios. Pregúntele entonces a Luis Brandoni, que participó como Secretario  General de la Asociación Argentina de Actores.
Como habrá sido de sabia y legal la resolución, que hasta 1990 estuvo vigente y los canales continuaron intervenidos. 
Fui el Director Artístico de Canal 9  y el interventor  se llamó Juan Carlos Mareco, un artista y un caballero. Y designamos director del área cinematográfica a Octavio Gettino. Más tarde fui con el mismo cargo a  Canal 13, el templo democrático de su padrino Goar Mestre, un cubano de Fulgencio Batista, cuando Cuba era el paraíso de la mafia y la prostitución para diversión de los americanos. Fidel Castro y el pueblo de Cuba lo expulsaron.
Extraño que usted un hombre de izquierda, progresista de Magnetto y Papel Prensa defienda a este viejo carcamán de la CIA que nunca cambió de bando. Ahí, el director fue el Dr. Vera Barros, un funcionario de la Secretaría de Prensa. 
Y desde Diciembre de 1975 fui Secretario de Prensa y Difusión del gobierno constitucional de Isabel Perón hasta que dieron el golpe sus amigos, los que ordenaron  la venta bajo tortura de Papel Prensa a su diario, al de Mitre y al del Comando en Jefe del Ejército.
Estuve preso hasta diciembre de ese año a disposición del Poder Ejecutivo en condiciones muy difíciles. Ahí no estaba usted (era un revolucionario en cierne) como tampoco estaba Magnetto. La cárcel  fue para los que dejamos sin un canal de televisión a un amigo de su familia: Goar Mestre.
En abril de 1977 me raptaron y pasé 9 meses en el campo de concentración clandestino de Puesto Vasco, dónde fui torturado por ser hermano de Lidia Papaleo de Graiver.
Situación esta que me enorgullece pero que revela que usted, en definitiva un hijo de Tato, con su mediocre humor, es funcional a los genocidas.
Salí del país expulsado por Camps y trabajé con grandes artistas como Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Astor Piazzolla, Ariel Ramirez, José Larralde, Nacha Guevara y siguen las firmas…
Cuando dirigí el canal que le usurpamos a su padrino, el cubano de los prostíbulos, trabajaron en el mismo, artistas de la talla de  David Stivel, Juan Carlos Gené,  Carlos Carella, Emilio Alfaro, Víctor Laplace, Aida Bortnik, Alfredo Alcón, Sergio Renán, Ernesto Bianco, Ana María Picchio, Oscar Martínez,  Marilina Ross, Alberto Migré, y muchos más.
Era una etapa violenta  y de pronto las tres AAA.
Ahí acompañé públicamente a los amenazados y no me importó priorizar al burócrata sino al compañero y al militante.
En democracia produje teatro, cine, televisión, dirigí al Teatro Nacional Cervantes y acompañé a Antonio Cafiero en la Gobernación de Buenos Aires.
Soy uno de los fundadores de la Renovación Peronista.
Todas y cada una de estas afirmaciones puede corroborarlas.
Todos los artistas, que desafortunadamente no están dejaron esposas, hijos, hermanos, amigos.
Haga de policía vocacional que seguramente le sale mejor que el humor dominguero.
Además  su  padrino, el cubano de los prostíbulos, le habrá enseñado como trabajan los sabuesos de la CIA, con el agravante de que la mayoría de los artistas que le mencioné no pensaban políticamente como yo.
Un detalle: junto al Dr. Alberto Cormillot en 1984 después de visitar al ministro del Interior el Dr. Antonio Tróccoli fuimos a recibir a Ezeiza a Norman Briski, un amigo común, que volvía de su exilio y todavía tenía causas judiciales armadas por la dictadura.
Usted, un portador de apellido,  para defender a esta mafia comunicacional no debe involucrar a su padre que fue un artista querido, respetado y  popular, diciendo que Tato Bores volvió a la TV durante el Proceso.
Le aconsejaría que no utilice a lo mejor de su familia, porque esta haciendo una aseveración tan grave como gratuita. .
Me imagino el dolor y la vergüenza que sentiría Tato por ver a su hijo exponiéndolo para cambiar el escenario del juicio por Papel Prensa.
Les dejo a usted y sus compañeros de Clarín una tarea para la casa: encontrar a Osvaldo Papaleo junto a López Lega, mostrar algún documento o documentito que abone su tesis, una foto o fotito, una nota o notita, un decreto o decretito donde él me designa a alguna parte y así podrá impedir que su amigo Magnetto tenga otro destino que el Penal de Marcos Paz.
Pero hay otros temas para el humor costumbrista que usted tan mal practica: Por ejemplo las declaraciones de Isidorito Graiver a Tiempo Argentino del 11 de Junio de 2010 diciendo que la venta de Papel Prensa fue un afano y fotografiado con la valijita de dólares que Clarín le entregó a cambio de un testimonio esclarecedor. O a Lilita Carrió, la precoz funcionaria  judicial del Proceso, vociferando que defiende a Clarín.
Me olvidaba hijo de Tato, nos vamos a ver en Tribunales.
Quiero ver como se ha convertido en un miserable adulto, el ahijado del cubano de los prostíbulos que la Revolución Cubana expulsó.
Usted junto a su jefe Magnetto no están a la izquierda ni a la derecha de nadie, están en el horno.

Respetuosamente.

Osvaldo Papaleo

La búsqueda de alguien que haga la tarea

sábado, 10 de abril de 2010 · 0 comentarios

En el video de post anterior vemos como Grondona, se lamenta de que teniendo la oposición -supuestamente- al gobierno entre las cuerdas, no le aplique el último golpe de  knock out. El golpe definitivo. Y cuando esta lacra habla de golpe de puño, no hace otra cosa que hablar de golpe destituyente. No es sorprendente esta actitud de golpista del mismo, ya que su pasado cuenta con acciones mucho más activas que las de ahora, que no pasan ser apenas, opiniones en un programa que ya no ve nadie. 
Antes escribía en acérrimo apoyo a los militares, en diversos diarios y revistas, textos como el siguiente salieron de la tinta envenenada de este hijo de puta: "Por creer que el derecho a la seguridad es un derecho humano que el Estado debe proteger, los argentinos recibimos hoy la visita de la CIDH. Esto es lo malo. Que están aquí precisamente porque somos derechos y humanos”. Esto lo escribió en septiembre del 79, cuando el país recibía la visita de la Comisión Internamericana de Derechos Humanos.
También antes de apoyar a la dictadura, hizo lo mismo con López Rega, a quien defendió en otro escrito como la persona que debía hacer la tarea. O sea aquella persona que hacía lo que muchos querían, pero que en realidad no se animaban a llevar a cabo. López Rega era aquella persona. Era para él, la persona que recoje la ingratitud de aquellos a quienes defiende. Esta defensa la hizo através de una "nota" que tituló: "meditación del elegido".
En la cita que sigue José Pablo Feinmann, lo describe mejor.

Los que hacen la tarea

No todas las tareas son iguales, no todas entregan a quienes las hacen la misma retribución, el mismo cálido, honorífico reconocimiento. Todo hombre desea ser reconocido. Incluso Hegel dijo que en eso consistía la historia humana: en el deseo de ser reconocido por el Otro. Pero, en la polis, hay reconocimientos que se retacean porque otorgarlos revelaría aspectos sombríos, incómodos. Hay tareas sucias. No todos están dispuestos a hacerlas porque no todos se atreven al verdadero sacrificio por la patria, acaso al más grande: al oscuro, al secreto, al que nadie ponderará. Hacia fines de 1974 la Argentina era un campo de batalla en el que la vida se tomaba ligeramente, con liviana crueldad, porque nada valía. Creo, seriamente lo creo, que debo decir por qué estoy metiendo al lector en una historicidad amarga, de recuerdo doloroso. Ando, desde hace tiempo, preparando materiales para un libro sobre la historia del peronismo. Se trataría, en lo posible, de reflexionar acerca de los materiales que van surgiendo. A esta reflexión sobre los hechos (y a otros elementos que se le suman) se le podría dar el nombre de Filosofía política. Pero esto es lo de menos. La cuestión –lo que aquí interesa– viene por otro lado. Hay un acopio de materiales y ese acopio exige meterse entre papeles, documentos y hasta hablar con algunas personas, preguntarles qué hacían durante el año, digamos, 1953 o 1956 o 1974. Detengámonos aquí, en este año, en 1974. Aquí es cuando la Argentina era un campo de batalla: el 1o de julio muere Perón. El 4 de julio la presidenta (la heredera de Perón, la vice que él se puso y que ahora gobierna, Isabel Martínez) confirma a López Rega como su secretario privado. Mala noticia para muchos: nadie ignoraba que López Rega manejaba la organización terrorista Triple A, que era un ejército de mercenarios que mataban sin cesar, y deseaban por tal motivo la caída del secretario de la presidenta. No: ella lo confirma. También mataba la guerrilla. Mataba tan irracionalmente como para matar a Arturo Mor Roig, que había sido ministro del Interior de Lanusse. El 31 de julio la Triple A mata a Rodolfo Ortega Peña, un hombre brillante, un notable historiador, un estilista. El ERP secuestra al mayor Larrabure. En septiembre el siniestro brigadier Lacabanne asume como interventor en Córdoba. Es un hombre comprometido con la Triple A, uno de los suyos, un asesino. Atilio López, un tipo bueno, un auténtico negrazo peronista, con bigotes, panza, cordobés, derrocado malamente por algo que se llamó el “Navarrazo”, recibe entre ochenta y cien balazos de la Triple A. Ni la cara le dejan. Sucede el 16 de septiembre, aniversario de la Revolución Libertadora. Al día siguiente asume un nazi en la Universidad de Buenos Aires, Alberto Ottalagano, más cercanamente recordado porque hizo el saludo hitleriano en medio de la campaña de Luder, en el ’83. Los Montoneros secuestran a los hermanos Born. Matan al médico policial Alejandro Bartosch. La Triple A mata a Julio Troxler, uno de los dos o tres que se habían salvado de la “operación masacre” de José León Suárez, en el ’56. Matan a Silvio Frondizi. En octubre, el ERP 22 de Agosto mata a Jordán Bruno Genta, un nacionalsocialista nativo que enseñaba a los militares las doctrinas del Führer alemán. Los Montoneros matan a Villar, policía formado por la OAS y la Escuela de las Américas, colocado por Perón en el más alto escalón de la Policía Federal. Montoneros roba y luego devuelve el cadáver de Aramburu. El ERP, en Tucumán, mata al capitán Viola y a su hija de tres años, otra queda malherida. En diciembre, el ERP 22 de Agosto mata a Carlos Sacheri, un profesor de filosofía, hombre de la derecha argentina que dictaba clases a los militares. Estos eran los tiempos. Durante ellos, en una revista de nombre Carta política, a fines de 1974, un periodista, que también daba cursos a los militares, con un estilo cuidadoso, con una prosa de una precisión, de una minuciosidad admirables, publica un texto (él es el director de la publicación) que titula: Meditación del elegido.
No se trata de un “artículo periodístico”. De eso que se llama una “nota”. Ni siquiera es un “editorial”. Es mucho más: es una meditación. Palabra venerable que remite a la filosofía y, muy especialmente, a la religiosidad. Tiene un aire medieval, tomista, que impone respeto, cierta distancia, la distancia de lo sereno, de la cautela, no el apresuramiento de lo periodístico, sino la hondura del silencio recoleto, austero. El efecto escalofriante del texto se produce por la austeridad del estilo y los hechos criminales a los que alude. Pocas veces el asesinato fue reclamado con tanto ascetismo, bajo la forma serena pero poderosa de una plegaria laica. (menudo párrafo de Feinmann)
El autor del texto es Mariano Grondona, largamente conocido en este país. Tomaremos sólo algunos párrafos de su homilía. El “elegido” es José López Rega, el ministro de Bienestar Social, creador, junto con el comisario Alberto Villar y bajo la mirada insoslayable de Juan Perón (no podía “no saber” lo que se hacía bajo sus propios ojos, participara o no de los hechos), de la Triple A. La organización había actuado sin desbocarse en vida de Perón, aunque realizara acciones terribles y hasta espectaculares. Perón, además, hizo tomar los datos de la periodista Ana Guzzeti, quien se atrevió a preguntarle si actuaban fuerzas parapoliciales en el país. A partir de la muerte del viejo líder la Triple A se entregó a una matanza incontenible. Muchos, gente del establishment, militares, sindicalistas, habitantes aterrorizados de todo el país, pidieron o desearon la caída de López Rega, sabiéndolo el líder de los asesinos. Alguien, no obstante, surgió para decir cautamente: “La caída, que muchos desean, entrañaría peligros”. Fue Mariano Grondona en su revista Carta política. Un liberal, un hombre de la democracia, un hombre del riñón oligárquico, un ideólogo de las Fuerzas Armadas, sale a defender a un fascista muñecoide, a un patético Adolf Hitler de opereta, un monje umbandista, un tipo que sólo parecía ser útil para masajear la próstata del General, a quien llamaba “Faraón”. Describe como “serie de desenvolvimientos” los actos que López ha promovido. Dice que los mismos “se aprueban en voz baja y se critican en voz alta”. Le encuentra, a López, una “estirpe”: “De la estirpe de los Ottalagano y los Lacabanne, José López Rega es uno de esos luchadores que recogen, por lo general, la ingratitud del sistema al que protegen”. Dura tarea la de López: tiene que ordenar muertes, torturas, desapariciones y nada puede esperar. El bronce será para otros. “Hay hombres (se lee en la Meditación) cuyo destino es hacer la tarea. Otros tienen la vocación de coronarla.” Observemos la justeza de la prosa. Dos frases breves. Cada una dice lo suyo. Una habla de un “destino” y de una “tarea”. El “elegido” es el que –precisamente– ha sido “elegido” para la “tarea”. Debemos respetar su soledad, su sacrificio austero: no busca la gloria, esa coronación que la segunda frase menciona. No quiere ser coronado, sólo quiere cumplir. Cumplir con el destino para el que ha sido elegido. Muchos quieren librarse de él. No entienden las sinuosidades de la Historia. Hay grandes hombres que coronan grandes sucesos. Hay pequeños hombres que les preparan el camino haciendo el trabajo sucio, sólo les queda la poética de las zanjas, el amontonamiento de cadáveres clandestinos. “López Rega” (sigue meditando el meditador) “cumple al lado de la presidenta el papel de meter la mano en tareas antipáticas (...) Sería por lo menos arriesgado prescindir, hoy, de este servicio”. Pocas veces –insistamos en esto– la muerte fue requerida con tan buena prosa. Durante esos días las listas de la Triple A eran groseras, toscas. La revista El Caudillo, que dirigía un matón de nombre Felipe Romeo, decía, antes de que Ortega Peña fuera asesinado, que los “buenos peronistas” ya tenían una bala para él. O también: “El que le teme a la Triple A por algo será”, frase que haría historia en la Argentina del Proceso, que coronó los esfuerzos de López, sobredimensionados hasta lo monstruoso. Lejos de toda esta chatarra deslenguada y patotera, gangsteril, la Meditación de Grondona fue el apoyo más elegante que López Rega pudo haber recibido. Difícil saber si el “elegido” la valoró adecuadamente. Era muy tosco el hombre, un matarife sin grandeza, sólo un clown sanguinario. Sin embargo, fue el exacto hombre que en ese momento la Historia requirió para “hacer la tarea”, fue “el elegido”. No dejó de advertirlo Grondona. Quien, como vemos, también supo siempre y también sabe ahora “hacer la tarea”.

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